El túnel del tiempo

En las paredes carcomidas por la humedad y el tiempo, permanecían pegados afiches, carteles y recuerdos de principios de los ´70. Lita recorre los dos salones y explica “que están los carteles previos a la vuelta de Perón. Las instrucciones para ir a Ezeiza, para que sea una fiesta. Dice, bando de regreso Nro. 2: no hay que llevar cosas cortantes, hay que llevar agua, hay que ir con medias de algodón y no de nylon para que no se formen ampollas, que los chicos no se tienen que separar de sus padres. Después están los carteles de Cámpora, “Cámpora al gobierno, Perón al Poder”. Hay un gran cartel de Evita que fue muy famoso y uno de los primeros que se hicieron. Y después están las pintadas de las agrupaciones de metalúrgicos Felipe Vallese, de pintura Paco –era la mía-, de sanidad Amado Olmos. También las de Trelew. Ese cartel es uno de los únicos, no creo que quede ninguno más, que es una mano ensangrentada con un balazo y nombres de los muertos allí..” Mientras Lita continúa con la lección de historia le informan que despejaron otra pared y encontraron otros afiches de Trelew y otro convocando para el “Gran encuentro de la libertad de presos políticos” en mayo de 1972 que dice “El pueblo decidió liberarlos de las cárceles”.

Desde que la casa se abrió pasaron cerca de 200 personas. El lugar está ocupado permanentemente. Hijos de desaparecidos, militantes o exiliados se acercan para averiguar datos históricos o de sus padres que participaron en el lugar. Ezequiel García tiene 22 años, es de la agrupación H.I.J.O.S. y cuenta que su mamá que se llama Marcela militaba en San Martín pero que se reunía en el local porque allí funcionaba la coordinadora política. Otro de los H.I.J.O.S. que se acercó a la casa es José Rovegno (22) y comenta que siente una extraña sensación al estar allí, “porque es algo que se mantuvo intacto más de 20 años, y pensar que es el trofeo de guerra de un represor que operaba en la ESMA da una sensación de impotencia y ahora que se recuperó es muy emocionante”. Rovegno no conoce el nombre del represor que mantenía el local como “trofeo de guerra” pero según fuentes del distrito consultadas por LA MANO, se trataría de Humberto Andrelo. Sobre el tema de las “intrusiones” al lugar, Lita comenta que parece ser que hubieron algunas porque encontraron “unas bolsas de la Marina, de la Armada, con guantes, había muchas cosas viejas que han entrado hace años. Lo que nos decidió a abrir la casa es que pasó mucho tiempo y si no ya no la íbamos a recuperar más”.

En 1977 la casa funcionó como la unidad básica “Combatientes peronistas” y se abre antes del regreso de Perón después de 18 años de exilio. “Se abre como frente barrial y gremial. En esa época había muchos conflictos gremiales en la zona, había muchas fábricas que después fueron desapareciendo. Abrimos como base de apoyo de todos los conflictos zonales y también en el barrio, como trabajadores del Frente Territorial. En la casa convergían el Frente Villero, la JotaPé…pero la característica de la casa era la familia Lizaso” –explica Lita- “El papá de ellos, Pedro Lizaso, fue el primero que se instala en Vicente López, fue el primer intendente peronista en el año ´47. Después Carlos Lizaso fue muerto en José León Suárez, fusilado por las fuerzas de Aramburu. Los que abrieron este lugar son Jorge, Miguel y la China que era la mujer de Jorge. Después Jorge fue muy torturado en la ESMA. Muerto y también Miguel que lo encontraron en la línea 41 de acá de la zona y tuvo un enfrentamiento con la policía y murió”.

El trabajo en el local que ya ha sido bautizado “Casa de la Memoria y la Resistencia Jorge Nono Lizaso” es constante. Pereyra explica que “se formaron grupos en los cuales se brindan apoyo y tareas de limpieza y recuperación. Estuvimos viendo la parte de ingeniería y arquitectura del lugar para tratar de mantener los afiches, para eso van a venir un grupo de geólogos o arqueólogos”. Por otra parte, están realizando los trámites legales para declarar la como de “interés histórico y pedagógico” y también están gestionando el permiso de entidad de bien público, “por la reconstrucción de la memoria y de la historia”.

Pero la historia no sólo está escrita en las paredes. Los afiches y los grafittis son sólo el puntapié para que esos “viejos militantes” comiencen a contar sus historias.

Es domingo. Son las 18:50. Comienzan a encender las velas por “los desaparecidos de acá”. Lita menciona los casi veinte nombres y sugiere a quienes participan de la ceremonia que digan los nombres de aquellos a quienes quieran recordar.

Carlos Gurvich (42) nombra a un gran amigo suyo desaparecido “Héctor Castro, que era montonero de la Juventud Peronista y que venía a este local y participaba en todas las luchas”. Otro militante dice presente, Juan Alberto Sosa (47) que está junto a su familia y cuenta su historia. Estuvo preso desde 1974 hasta 1982 en Devoto y en la Unidad 9 de La Plata. Recuerda los días de militancia en el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) que era el partido político clandestino del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo). Dice que él era un luchador popular y con nostalgia afirma que para él su vida terminó allí. El acto concluye con la frase “Hasta la victoria siempre” y aplausos.

Laura Oliva